Mucho cuidado con lo que dices… | María Alcolea Muñoz

Mucho cuidado con lo que dices…

Las redes sociales nos proporcionan una capacidad de relación, exposición y divulgación, sin precedentes en la historia de las comunicaciones y de la divulgación informativa y publicitaria. Son notorios los casos en los que simples individuos han conseguido mover corrientes de opinión que han derrocado gobiernos (arab spring), perseguido malhechores (Kony 2012), destapado escándalos (Wikileaks) o simplemente bromeado un rato (Angelina Jolie´s right leg después de los Oscars).

El efecto bola de nieve de lo que publicamos en las redes sociales, es indudable. Una campaña publicitaria en Twitter, bien articulada y viralizada, puede llegar a millones de personas. Sin ir tan lejos, una publicación en una red social puede circular en un entorno mas reducido (una empresa o un colegio) y conseguir rápidamente una penetración del 80% en ese entorno.

Nunca hasta ahora había tenido el individuo, a título individual y sin pertenecer a un medio de comunicación, un poder de difusión semejante. La normativa vigente, regula la responsabilidad administrativa, civil o penal de las informaciones difundidas en ejercicio del derecho a la información, por los profesionales de la comunicación, y actualmente, la responsabilidad del usuario adquiere un cariz nuevo con importantes repercusiones prácticas.

Si somos comunicadores a título individual, debemos de ser conscientes de las repercusiones sociales y jurídicas de aquello que proferimos en la red (¿y somos verdaderamente conscientes?). Esta semana pasada sin ir más lejos, en el Reino Unido, se ha dado un caso de detención policial de un joven de 21 años que había proferido comentarios racistas sobre un famoso futbolista de color, Fabrice Muamba. Muamba sufrió un ataque al corazón en pleno campo de juego, conmocionando a la opinión pública. Riadas de comentarios de apoyo y solidaridad empezaron a verterse por todas las redes sociales, pero Liam Stacey estaba borracho y se dedicó a escribir varios tweets regocijándose en la mala fortuna del jugador y deseándole lo peor. Algunos periodistas se hicieron eco de este caso, reprodujeron su nombre y comentarios y le bautizaron como “el joven que ha desgraciado su vida para siempre”.  Acto seguido la policía tocaba su puerta y procedía a su arresto. Actualmente está pendiente de serle impuesta una pena, a pesar de haber intentado rectificar sus comentarios. 

Está claro que hay ciertos límites que no se pueden cruzar en el ejercicio de nuestra libertad de expresión, pero algunas mentes liberales en el Reino Unido cuestionan que se puede llegar al extremo de ser arrestado e incurrir en responsabilidad criminal. Pero lo peor es que sus tweets quedarán para siempre en Internet y los encontraran sus futuros empleadores. Si hubiera dicho esas barbaridades dentro del pub de turno, nada hubiera pasado, pero las puso por escrito y las envió, y llegaron a miles de personas que estaban siguiendo el #Muamba. Mala suerte. Si metes la pata con 20 años y salta a la opinión pública, ¿estás acabado para siempre?

Sin comentarios | Leído 185 veces

Tu puedes enviar una respuesta, or trackback desde tu propio site.

Enviar Comentario

*